La mayoría de los lunares son benignos, pero algunos pueden cambiar con el tiempo. El control dermatológico periódico permite detectar en forma precoz cualquier lesión sospechosa, cuando el cáncer de piel posee un alto índice de curación.
¿En qué consiste la consulta?
La dermatóloga revisa la piel de todo el cuerpo y evalúa los lunares y las manchas con un dermatoscopio, un instrumento que amplifica la imagen y permite observar estructuras que no se ven a simple vista. Según tus antecedentes y la cantidad de lunares, puede indicarte un seguimiento con videodermatoscopía digital FotoFinder.
¿Quiénes deberían controlarse?
Es recomendable consultar en forma periódica, y en especial si:
- Tenés muchos lunares o lunares de formas irregulares.
- Tenés piel clara o antecedentes de quemaduras solares, sobre todo en la infancia.
- Tenés antecedentes personales o familiares de melanoma u otros cánceres de piel.
- Notaste un lunar nuevo o un cambio en uno que ya tenías.
Autoexamen: la regla ABCDE
Entre controles, es importante observar tu piel una vez por mes y consultar ante cualquiera de estos signos:
- Asimetría: una mitad del lunar es distinta de la otra.
- Bordes irregulares, difusos o dentados.
- Color no uniforme, con distintos tonos de marrón, negro, rojo o azul.
- Diámetro mayor a 6 milímetros.
- Evolución: cualquier cambio de tamaño, forma o color, o síntomas como picazón o sangrado.
Prevención
La radiación ultravioleta del sol y de las camas solares desempeña un papel decisivo en la aparición del cáncer de piel. Usar protector solar todos los días, evitar la exposición al sol entre las 10 y las 16 h y no utilizar camas solares son las principales medidas de prevención.